Hace un par de semanas mi buen amigo Pancho asistió, como cada lunes por la mañana, a un curso para dentistas en Miraflores, a unas cuadras de la Vía Expresa y la Av. Angamos, y estacionó su auto, un bonito BMW blanco de 1983, frente al local donde se dictan las clases junto con muchos otros autos.
Luego de un par de horas, al finalizar las clases, Pancho regresó al estacionamiento para encontrar, a diferencia de otros lunes por la mañana, solo un espacio vacío; el BMW blanco había desaparecido. Algún idiota sin nada mejor que hacer en su perra vida había forzado la cerradura y había robado el auto.
Luego de la sorpresa y rabia inicial Pancho se dirigió a la comisaría más cercana sabiendo de antemano que, como es usual en el país de mierda en que vivimos, a la policía le importa un comino que a un tipo común y corriente le roben el auto.
Algunas horas después le pregunté ingenuamente a Pancho:
- ¿Pero al menos la denuncia está en su sistema? ¿La ingresaron por computadora o máquina de escribir? - intenté bromear recordando una visita a una comisaría donde un incompetente uniformado demoraba cinco minutos por palabra en su destartalada maquinita.
- No, ¡qué máquina de escribir! Solo anotaron los datos en un cuaderno - respondió.
Garabatear unas líneas en un insignificante cuaderno, eso es todo lo que un policia peruano hace por ti cuando te roban el auto. Un policía que ni siquiera conoce las direcciones de los depósitos de vehículos. ¡Bravo! A eso le llamo progreso.
Como la mayoría de peruanos, Pancho no es amigote de un político corrupto (lo sé, redundancia) o algún generalote de la policía que pueda gritonear a todos sus lacayos para que remuevan Lima y encuentren el auto en horas. Mi buen amigo tuvo que resignarse a decirle adiós al BMW y empezar a pasear a su hijo en bicicleta.
Algunos días después cuando mi esposa y yo comentamos el caso con algunos conocidos recibimos casi la misma respuesta de todos:
- ¿Y tu amigo no le ofreció plata a los policias? Allí hay que moverse, hay que romper la mano para que te encuentren el carro.
Alguien sugirió poner un pequeño anuncio en un diario con los detalles del auto. "Los que roban autos leen los anuncios y te piden rescate para devolverlo". Y de seguro que los respetables miembros de la honorable Policía Nacional del Perú saben esto. ¿Hacen algo al respecto? No lo creo.
No sé que es más triste, que la mayoría de policias peruanos son unos delincuentes de mierda o que nuestra sociedad lo acepte como algo natural.
A los pocos días de que el BWM desapareciera vi un sticker sobre un auto con la frase Made in San Jacinto. San Jacinto es el mercado de autopartes en la Victoria, uno de los distritos más repugnantes y peligrosos de Lima. Es casi seguro que cualquier parte que compres en San Jacinto sea robada y resulta estúpido que existan ignorantes que promocionen el hecho con un sticker.
Pero es más estúpido aún que existan clientes para comprar estas partes robadas y que en muchos casos estos clientes sean los propios dueños. En un artículo del año 2003 Gastón Agurto, revista Caretas, menciona:
En las comisarías de Lima se ha hecho costumbre que los policías recomienden a las víctimas de robos acudir a las cachinas o mercados negros a buscar sus pertenencias.
Han pasado cinco años y las cosas siguen igual, o peor. O los policias peruanos son unos absolutos inútiles o reciben muy buenas comisiones de los delicuentes en San Jacinto. No sé cuál de las dos opciones es la peor.
¿No existe una sola persona en el gobierno que tenga la capacidad y voluntad de mejorar a la policía? Me resulta imposible de creer que ningún político sepa que en cada operativo que la policía realiza en las calles y autopistas del Perú cada efectivo recolecta de 5 a 10 soles por conductor, sin importar que exista o no infracción de tránsito.
Es irónico ver un gran cartel con la frase a la policía se la respeta de fondo mientras un respetable mal nacido apoyado sobre su Pathfinder te increpa "¿y a mí quién me paga la Navidad?" y abre su ridículo cuadernito de papeletas, imagino que con todas sus hojas completas, esperando recibir el billete.
Y no solo tenemos policias corruptos y vividores en este país, también los hay racistas. Siempre he pensado que el racismo es natural en el ser humano y eso no me escandaliza, lo que me jode es que un cobrizo uniformado de mierda me detenga en el auto mientras paseo, sin haber cometido infracción alguna, con mi esposa e hija y me diga "ustedes los blanquitos creen que pueden hacer todo lo que quieren", eso mientras decenas de idiotizados choferes de combi, del mismo color que el imbécil policía, invaden el carril contrario y se cagan en las reglas de tránsito.
Los uniformados que andan por las calles no son los únicos delincuentes en la Policía Nacional del Perú, y sí, lo escribo con todas sus ridículas mayúsculas. Recuerdo hace muchos años que tenía un conocido que obtenía su cocaína de un policía, un supuestamente honorable teniente con una gran casa e hijos profesionales (como diría una vieja cucufata) que incautaba droga a los detenidos para su consumo personal. No tengo nada contra el consumo de drogas pero sí detesto a los hipócritas y corruptos cocainómanos tenientes de la policía del Perú.
Y aquí va la pregunta clara y directa, Policía Nacional del Perú: ¿son todos unos hijos de puta?
Ayer llamó Pancho. Encontraron su auto en una calle de la Victoria, sin llantas y batería pero volverá a caminar. Los vecinos habían llamado durante cinco días al 105, la central de emergencia de la policía, sin resultados.
Fue un policía que casualmente caminaba por allí el que decidió abrir la puerta del auto, con la cerradura destrozada, encontró el número de teléfono de mi amigo entre algunos papeles y lo llamó.
Y bueno, el final no es tan triste, al menos allí tenemos a un policía que no es tan hijo de puta como todos los demás.
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