No es una novedad que guardo una gran antipatía por el diario El Comercio, informa mal y comete estúpidos errores.
Ayer mi esposa compró la edición sábado de El Comercio porque quería entretenerse un poco con la publicidad de Saga Falabella (pues para noticias de verdad está Google News). Todos sabemos que los fines de semana este marchitado diario viene cargado con la información de los anunciantes a quienes ha vendido su alma, y además el sitio web de Saga Falabella en Perú es una cachetada a la inteligencia de cualquier persona, unas cuantas imágenes y un mensaje que nos pide que llamemos por teléfono para comprar (¡qué útil!).
Como sea, el asunto es que hoy tengo un ejemplar de Somos, la revista que viene los sábados con El Comercio, frente a mi y en la página 93 encuentro la foto de un niño: Andrés Roca Rey. Los apellidos suenan familiares y asumo que alguna relación tendrá con la dinastía Miró Quesada que controla al medio desde hace poco más de setecientos años.
Andrés tiene once años y aparece en la revista junto a la cabeza de un toro. El niño es un torero y según cuenta su leyenda a los siete ya se perfilaba como matador, torturando becerros, cito, "por insistencia suya y para deleitar a los amigos de la familia". ¡Vaya familia!
Creo que eso explica, al menos en parte, porque el contenido de ese diario se está yendo a la mierda. Con gente que se deleita viendo a un niño torturando animales no es de extrañar que tengan el mundo trastocado en sus cabezas.
Cuando tiempo atrás escribí ¡al puto Acho lo cerramos! no imaginé que quienes estábamos en contra de la matanza y tortura de los toros tendríamos que enfrentarnos a uno de los medios con más poder en el país. Bueno, parece que así es.
Felicitaciones Andrés, ahora eres tristemente famoso. Veamos que opinan otros seres humanos (los normales, no los fanáticos amantes de la tortura) sobre tus logros.
Creo que no he sido el único que se ha topado con fotos que lindan en lo ridículo en relación al reciente terremoto en Perú. La última que ví, en la edición de hoy de El Comercio, mostraba a tres rescatistas recuperando una estatua de Jesús de los escombros de una iglesia en Pisco, la nota al pie relataba que "los creyentes se persignaron apenas vieron a Jesús rescatado". Mierda, ¿es que hay gente a la que le importa que rescaten a una tonta estatua?
¿No sería más sensato que los creyentes le pidan a los rescatistas que enfoquen sus enfuerzos en ayudar a quienes realmente lo necesitan?, ¿seres humanos talvez?, en vez de perder el tiempo en inútiles adornos. La estatua de Jesús y todos los otros ídolos, que como los más perpicaces lectores habrán notado no son seres vivos, pueden ser recuperados luego.
Si alguno de mis amigos o familiares hubiera muerto en una de las iglesias que colapsó, lo último que quisiera hacer es rescatar virgencitas y jesusitos.
Que los fanaticos entre mis lectores digan lo que quieran en los comentarios, todos somos libres de elegir en que creer y perder nuestro tiempo, pero lo cierto es que mucha gente murió simplemente por estar en iglesias, construcciones muy antiguas que no soportaron el sismo. Pero claro, talvez eso no les importe porque, como diría cualquier tía cucufata del no menos cucufato Perú: "¡gracias a Dios que Jesusito se salvó!".
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