

Es una frase muy buena como para no ser usada en un artículo sobre racismo, y sí, este es un artículo sobre racismo y algo más. La leí en Twitter hace algún tiempo y es parte de una conversación entre dos damas, caucásicamente san isidrinas imagino, en una cafetería de Lima. El diálogo se desarrollaba así:
"Este es uno de los mejores Starbucks en Lima."
"Sí, aquí sí hay gente como uno."
Vamos a ponerlo más fácil, lo que creo que la dama quiso decir en realidad fue: "aquí todos somos blancos y no hay un solo indio de mierda".
Probablemente la primera reacción de muchos de mis lectores, varios no tan blanquitos como las distinguidas señoras de nuestra historia, sea pensar que la mayoría de blancos son unos racistas hijos de puta, y probablemente estén en lo cierto, lo son, pero me gustaría ir un poco más allá y contarles porqué creo que, sin importar nuestro color de piel, los racistas en este mundo somos muchos más de los que nos imaginábamos y porqué, después, de todo, eso a veces no importa, es simplemente humano, y en muchas ocasiones nuestras diferencias no tienen que ver un carajo con los colores.
Cualquier persona, sin importar su raza u origen, y que haya vivido en alguna ciudad relativamente grande en el mundo, puede confirmar como ciertas áreas se encuentran dominadas por negros, latinos, amarillos, blanquitos o lo que sea. No es raro escuchar relatos cargados de rabia como: "los gringos de mierda pasan con sus ruidosos carrotes y van de compras todo el tiempo", "esta ciudad está llena de jamaiquinos que se parecen todos a King Kong" o "los peruanos drogadictos y delincuentes han invadido la plaza de la ciudad".
Hay que admitirlo, los seres humanos son racistas por naturaleza. Queremos estar entre gente como uno. Y así de repente el, a primera vista, ridículo comentario de nuestra señora de San Isidro se transforma en un hecho que podría ser comprobado científicamente. Quizás alguien ya lo hizo.
Además, el racismo funciona en todas las direcciones y los blanquitos no son los únicos malos de la historia. Al caminar por ciertas zonas de Lima, una ciudad de mierda como veremos en un futuro artículo, es notorio como varios representantes de la ahora mayoría de ascendencia serrana tratan con desprecio a quienes no comparten el cobrizo tono de piel. Y eso jode, ¡claro que sí!, ¿pero saben qué? No tiene nada de malo, es simplemente la naturaleza humana.
Y es que aún cuando muchos no lo quieren reconocer los humanos no dejamos de ser animales. Así como un león da muerte a un búfalo porque eso es lo que come, y no por ser un gato malo, muchos seres humanos no pueden evitar el ser racistas.
La mayoría de nosotros queremos ser parte de un grupo, un grupo de personas con las que tengamos algo en común. Y aunque el color de la piel es lo primero que salta a la vista no lo es todo.
Algunos kilómetros al norte de donde vivo, en la supuesta primera potencia del mundo, Hillary Clinton y Barack Obama compiten por la nominación demócrata, la oportunidad de llegar a ser el más odiado gobernante sobre el planeta. Y claro, es que locura y poder van de la mano, pero sigamos con el cuento.
Hace unos días la blanquísima Clinton obtuvo una apabullante victoria sobre el simiesco Obama en las primarias de West Virgina, un estado con un 95% de población blanca. Muchos analistas políticos, ya saben, esos tipos que siempre aparecen en los noticieros para inventar explicaciones y que no sabemos de qué viven en realidad, atribuyeron el triunfo de la esposa de Bill a circunstancias históricas, momentum, empatía con el electorado. Sí, ¡seguro!
Una encuesta luego mostró que para dos de cada diez votantes blancos la raza fue un factor decisivo en cómo votaron, y es lógico presumir que el número es mayor entre quienes no lo admitieron.
Luego Jon Stewart en The Daily Show mostró un par de entrevistas que terminaron de sepultar las explicaciones de los analistas sobre porqué Clinton ganó en el montañoso estado. Primero, una rolliza y porcinamente rosadita señora, expresó que le tenían miedo a la otra raza. "Tenemos muchos problemas con la otra raza", dijo. Obviamente hablaba de la raza negra (aún cuando Obama no es del todo negro, su madre era blanca).
La segunda entrevistada repetía algo así como "no queremos más Husseins". Claramente se refería a los rumores sobre el supuesto pasado islámico de Barack Hussein Obama. Por cierto, esta vieja lucía muy cristianita.
Y aquí encontramos un nuevo factor, además del color de piel, que divide a los seres humanos: la religión. Otra de las estúpidas invenciones de la humanidad a la que no solo dedicaré uno o dos artículos más sino un sitio web por completo (muy pronto).
El punto es que no solo en un Starbucks de Lima dos viejas se sienten especiales por ser blancas, en West Virginia una cristianísima yanqui se siente superior porque cree que el dios que su secta inventó es mejor que áquel que los musulmanes crearon.
Punto uno: escribo sobre lo que me interesa y expreso solo lo que pienso. No es mi intención terminar con los problemas del mundo, ni creo que podría aunque quisiera, o tener todas las respuestas correctas, pues definitivamente no las tengo.
Punto dos: no creo que querer estar entre gente como uno sea tan malo, todo depende del contexto y de quien seas. Querer exterminar a quienes no sean como tú, sin embargo, es obviamente ridículo y deplorable.
Los seres humanos siempre van a encontrar diferencias dentro de todo grupo, en algunos casos quienes están fuera del grupo no las verán (¿qué diferencia encuentra un mormón entre chiitas y suníes o un hombre blanco de occidente entre hutus y tutsies?) y en otros la discriminación tendrá ridículos orígenes (como sucede con los fanáticos del fútbol), pero así como existen diferencias que nos separan también hay mucho que nos une, y esto es a veces lo más importante.
Cuando luego de algunos años encuentras verdaderos amigos y personas que te importan, si es que tienes un poco de suerte, las religiones, tonos de piel, equipos de fútbol y demás detalles pierden importancia, y es que, aún cuando no lo parezca, ya eres como ellos y ellos como tú.
No pretendía que hubiera una al empezar a escribir pero creo que es fácil encontrarla: no importa que tan originales nos creamos, todos somos ridículos y estúpidos humanos al final del día.
Los comentarios
De hecho "gente como uno"
De hecho "gente como uno" (GCU) es un término inventado por Rafo Leon en su columna de la China Tudela... No la tomaría tan en serio
El racismo es ridiculo, pero
El racismo es ridiculo, pero debo confesar que a veces lo he sido, aún cuando es estupido serlo.
¿Y tú qué opinas?